
A
Despierto en mitad de la noche eterna. Aún con los ojos inútiles después del sueño. Mi primer reacción es empujar la puerta de la cápsula pero esta no se abre. Pese al terror prematuro de quedarme encerrada mantengo la calma en espera de que me den las indicaciones el personal correspondiente. Tras esperar en vano abro los ojos. Afuera de la cápsula no hay nadie despierto esperándome.
Desde donde está mi cápsula puedo ver una parte de la sala. Las luces están al mínimo. Diviso una pantalla: “¡Alerta Biológica!” Empalidezco. Si la computadora registró riesgo, quizás haya interrumpido el soporte vital de las otras cápsulas.
Si vuelvo a activar mi cápsula corro riesgo de que la computadora me suprima para no poner en riesgo al resto.
Tanteo con mis manos y mis pies en busca del mecanismo de apertura manual, estoy hace una hora con esto. Localicé una manija a la altura de mi rodilla. Tiro de ella, nada sucede. Tanteo con mi mano izquierda. Encuentro otra manija igual. Tiro de ella, nada.
Luces rojas se prenden afuera de mi ataúd. La pantalla agranda las letras: ¡Alerta Biológica! Tiro con fuerza de ambas manijas: un traje se me pega al cuerpo, incluyendo la cabeza.
La puerta de la cápsula cede. Salto afuera, luces rojas se encienden por toda la sala. ¡Alerta Biológica! Corro desesperada entre las miles de cápsulas durmientes. Al atravesar la puerta me vuelvo y cierro herméticamente la sala.
Creo que la adrenalina me abandona, o quizás sea que llevo muchos años viajando: las luces dan vuelta en mi cabeza. Caigo desmayada.
B
Me despertó el hambre y la incomodidad del suelo. Las luces siguen al mínimo, solo iluminan los caminos del piso, me recuerda a los cines que visitaba antes del desastre, a lo lejos debe estar el ascensor para acceder a las otras cubiertas.
A los laterales no hay paredes, o sea, esto no es un pasillo, sino un enorme salón. Mi traje tiene su propia luz, comienzo a investigar, fue fácil encontrar los compartimentos de provisiones.
Mi hambre es más persuasivo que el miedo a morir por un patógeno. Con el primer alfajor que encontré me saqué el casco,
Mientras mastico y el chocolate se derrite en mi boca pienso en la extinción de mi planeta. Todo fue por culpa de un virus. Y a pesar de todo y de los miles de controles que nos realizaron, alguno de los pasajeros se las ingenió para viajar a pesar de estar infectado.
¡Alerta Biológica! Cada pantalla de la nave dice lo mismo. ¡Pero que hijo de p*ta!
El aire de la nave, aún frío, cae sobre mi rostro, me causa un escalofrío que termina en un estornudo.
Saciada mi hambre, me vuelvo a poner el casco y voy al puente de navegación, pero es inútil; todas las pantallas dan el mismo mensaje: ¡Alerta Biológica! No encuentro datos de nuestro recorrido ni a cuántos años estoy del destino.
Busco un camarote. En esa nave viajan dormidos otros 10 000 pasajeros, quizás uno de ellos, o varios, portan el virus.
Si alguno de ellos despierta puede ponerme en peligro. Aislar la sala no es suficiente. La única solución es apagar el soporte de vida de todos ellos y liberarlos al espacio.
¿Pero cómo aterrizaré al llegar a destino? Seguramente la nave está automatizada.
¿Pero qué pasará con la civilización? Se joderá toda, nada más.
¿De qué viviré? Tengo alfajores para 10 000 personas por muchos años.
Para todas las dudas que me asaltan tengo una solución práctica. Quizás por eso me eligieron.
Queda pendiente el tema del sexo. Tendré que arreglármelas sola.
Z
Si libero las cápsulas al espacio quizás infecten en algún momento otro planeta, o a alguien que las encuentre y las abra por curiosidad. Rechisté. Seguro que se caen en alguna estrella y chau pichu.
Si tiro la sala de las cápsulas al espacio el comedor quedaría expuesto al vacío y perderé los alfajores, ¡m*erda! ¡quién c*ño diseñó esta calabaza!
Me tomó una semana entera trasladar alimento a los otros piso. Así descubrí los comandos para sellar previamente la parte de la nave que quiero conservar.
Sigo todas las instrucciones, solo falta apretar el botón y las cápsulas saldrán volando. ¿Con quién hablaré antes de volverme loca? Seguramente la computadora está programada para mantener una charla. Aprieto el botón, no pasa nada, la sala no sale volando; menos mal, me había olvidado de apagar el soporte de vida: sería cruel que se despierten en el espacio sin poder hacer nada. A mí no me gustaría que me hicieran eso.
Apago el soporte de vida de las 10 000 cápsulas y vuelvo a apretar el botón. Abro mi alfajor mientras espero. No pasa nada. No pasa nada…. Esperen, todas las cápsulas se abren. Están despertando… La sala sigue en la nave.
La señal de alerta biológica parece estallar en todas las pantallas a mi alrededor, sirenas rojas. Una alarma chilla por un momento, y luego todo cesa de golpe.
Las personas abandonan las cápsulas, ellos no me pueden ver de este lado de la puerta. No les voy a abrir. Parece que hay una puerta similar del lado contrario de su sala. Todos se van por ahí.
Me pongo mi traje espacial. Abro la puerta. Atravieso la sala de las cápsulas vacías, llego hasta el otro extremo por donde todos salieron caminando; la luz potente del exterior me deja ciega momentáneamente. Varias manos me sujetan. Grito.
-¡Calmate! ya estamos a salvo -una oficial me retira el casco frente a mi resistencia. Alguien me inyecta algo. Mi cuerpo se relaja-. Ya estamos a salvo. Bienvenida a la Tierra, 500 años después, claro.
-¿Nunca nos fuimos?
-No. Lamentamos haberla engañado. Consideramos que la tierra, sin la intervención humana, se ha reseteado.
-Las pantallas de las cápsulas decían “Alerta Biológica”.
-No se preocupe. Eso indica que el pasajero despertó.
200801- Patxy Obs
