
Ud. se ha dado cuenta de que un ser humano vuelve en el final de su vida al estado en el que estaba cuando ésta comenzó?... piense: un anciano en las postrimerías de su existencia depende de los demás para suplir sus necesidades básicas, pues ya no es capaz de movilizarse ni hacer ciertas cosas; ocasionalmente ya no tiene la capacidad de expresarse correctamente, ni, en ciertos casos, de controlar esfínteres incluso, dependiendo de un tercero hasta para su higiene; o sea: tal como cuando su vida se inició y era un bebé que dependía de su madre para todas sus necesidades vitales.
Este patrón, parece que lo repetimos en cada una de las facetas de nuestras vidas, replicándolo a nuestra máxima expresión humana, como masa que trasciende al tiempo de nuestra existencia particular, nuestra individualidad y temporalidad; la que nos hace formar parte de la historia como apenas un párrafo de ese gran libro al que llamamos humanidad y está compuesto por las vidas y hechos de todos nosotros, nuestros antepasados y las generaciones futuras.
Asimismo, el camino que recorrimos a lo largo de la historia como colectivo parece tener esa misma característica; pero, más que una línea de tiempo, la humanidad parece describir un gran circulo que termina inevitablemente volviendo al punto de partida (ojalá no seamos más bien como el perro que se persigue la cola).
Lo único esperanzador es que en ese largo recorrido para volver a donde comenzamos, lo hacemos siendo seres totalmente distintos, evolucionados y adaptados. Tal como el gran Heráclito sentencio: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”; y tal como nos sucede a nosotros mismos, uno no es el mismo que vuelve cuando sale de viaje… imagínese cuanto cambiamos en este largo trajinar de centurias que nos llevó de la vieja Atenas a la actual Babel virtual!… o no tanto…
Es cierto, no somos los mismos humanos que aquellos que se apiñaban en la Ekklesia ateniense; no pensamos igual, no nos comunicamos de la misma forma, ni nuestros códigos morales son ya los mismos. Hemos evolucionado y cambiado infinitamente, más una cosa sigue incólume: Nuestra ansia de decidir sobre nosotros y todo cuanto nos afecta.
Pasamos de esa democracia directa, donde quien quisiera y pudiese acudía al Ágora a participar de las decisiones de la Polis, o presentar una propuesta, a la actual intervención directa de todos en todos los ámbitos de la interacción humana, sin importar donde uno se halle, ni su status social, ni otro requisito más que el de poseer una conexión a internet y un samrtphone, o computadora.
Las redes sociales nos han permitido la supra conexión entre todos los ciudadanos del mundo, y nos han dado la oportunidad única en la historia de la humanidad de poseer el sobrenatural fenómeno de la bilocación, ya que, viajando a nuestros trabajos, en medio de la cena familiar, la salida con amigos y hasta en los momentos más íntimos, hemos adquirido la capacidad de comunicarnos con cualquier persona en cualquier lugar del mundo, u opinar del tema que sea (sepamos de ello o no), hacer bulling a quien ni siquiera conocemos, mostrar lo felices que somos y lo perfectas que son nuestras vidas y familias, participar de campañas humanitarias, galantear para conseguir pareja o amante (o separaciones si quien está con nosotros se hace con nuestro celular), de establecer posturas frente a diferentes situaciones, y hasta librar batallas dialécticas con otros que ni tenemos la más remota idea de quiénes son ni tendremos jamás la oportunidad de conocerlos.
Este fenómeno se ha replicado al ámbito político de forma excepcional, pues los viejos estamentos se han visto obligados a mover sus oxidados engranajes para intentar revertir el fenómeno actual de ser los lideres (en funciones o soñando con ello), quienes corren detrás de la gente, en lugar de ser ellos quienes marcan el rumbo a seguir y establecen planes a largo, mediano y corto plazo para llegar a la meta fijada. Esto fue un auténtico remezón para la clase política, y, tal como el fenómeno que provocó este quiebre, éste se replicó a nivel global. De allí es que vimos como los partidos trataban de acomodarse a esta dinámica que no alcanzaban a entender del todo; así, el primer intento de satisfacer a la NUEVA POLITICA que comenzaba a nacer fué candidateando a outsaiders, yendo de deportistas a estrellas del cine y la música, personas surgidas del vulgo, militares, empresarios y jovencísimos candidatos surgidos de sus filas más nobeles de las estructuras partidarias. Así fue que vimos aparecer a Beppe Grillo, Schwarzenegger, Emmanuel Macron y este camino (que evidentemente no era el correcto) terminó con Trump, Bolsonaro y Chávez calzándose la banda presidencial. La respuesta de la gente se dio tomando las riendas de su representatividad por sí mismas, pero dentro de las estructuras partidarias (como los “Indignados” españoles), y, tras todo esto y ese fenómeno mal interpretado de creer que la respuesta era la popularidad certificada por la cantidad de “me gusta” o corazoncitos lo que validaba a un líder, entendieron que la respuesta estaba en la gente, comenzando a sumar especialistas para entender que buscaban; aparecieron allí los Duran Barba, asesores de imagen, coachs, community managers, y todo aquel especialista que, Big Data mediante, les enseñase a escuchar lo que los votantes les decían; ello que derivó en candidatos adquiriendo posturas descontracturadas, tomando mate con los vecinos, mostrándose de entre casa y comportándose como estrellas del cine o disruptores rockeros: fuera la corbata, el discurso estructurado y, desgraciadamente, las plataformas de campaña, pues ya no importaba lo que se proponía, sino como se decía y el color de camisa que se usaba.
Esto está revirtiéndose afortunadamente, pues aprendieron a escucharnos; ello nos lleva al ahora, donde la “agenda” la marca la gente, y somos nosotros quienes les decimos mediante nuestras interacciones en las redes, cuál es el camino que queremos seguir, nuestro acuerdo o desagrado con una gestión, decisión, o postura, y, gracias a la web, tenemos una forma de hacérselos saber de forma directa y expedita; si, ya sé: en realidad los que nos responden, ignoran o bloquean son los administradores contratados a tal efecto, más no piense que estos movimientos quedan ahí, pues no es así:
Ahora existe un nuevo chiche llamado “BIG DATA” que se encarga de recolectar todos y cada uno de esos movimientos, opiniones, fotos, vídeos, gustos, aficiones, mas todo lo demás que usted hace en la web, y almacenarlos para que, mediante el análisis a velocidades y cantidades inconmensurables, sus robots (no se imagine a un androide revisando su facebook, pues se trata softwares de sistemas automatizados), se encarguen de crear un juicio exacto de los pulgares arriba o abajo, corazones, caritas enojadas, insultos, halagos, acuerdos y desacuerdos, poniendo todo en manos del interesado (previo pago por ello), para que él y sus asesores sepan de forma inequívoca y verídica exactamente “qué onda”, tomando de allí decisiones y líneas discursivas.
Los candidatos ya no se queman la cabeza pensando en que cosas harán si salen elegidos para que su vida sea mejor, sino que, simplemente, le preguntan a Google que andan queriendo sus electores y, gracias a esa Big Data, “Don Google” se los dice y ellos acomodan sus discursos de campaña y políticas de estado acorde a eso.
No se desanime, pues, esto de ser malo, es más bien óptimo!: Y aquí es donde entra este teorema que expongo en este trabajo y al que he dado en llamar:
LA NUEVA ATENAS:
Antes, los políticos se rodeaban de aplaudidores, quienes festejaban sus palabras en actos transmitidos por todos los medios, intentando hacernos creer que el pueblo estaba con ellos, y, en el más horripilante de los casos, creyendo ellos mismos que así era. Claro!, era fácil desactivar a quienes no estaban de acuerdo, bastaba con enviar las fuerzas represivas para molerlos a palos y sacarlos de donde estorbaban con sus gritos y protestas, o coartar su acceso a los micrófonos, o hasta anularlos real o figurativamente. Más, como hacerlo ahora cuando “el derecho a chille” ya no se da con el quejoso parado ante la Casa de Gobierno, sino con ellos desde cualquier lugar del mundo alimentando con sus acciones en las redes a esa Big Data que luego les hará llegar el sentir ciudadano de forma tan directa y real como cuando un ateniense se paraba ante la asamblea y les decía en la cara a sus gobernantes lo que pensaba de ellos y las cosas que hacían.
Por ello insisto tanto en esta idea de LA NUEVA ATENAS, pues de ello se trata, gracias a estas tecnologías, hemos recuperado esa capacidad de inmiscuirnos directamente en las estructuras gubernamentales, hacer que nuestros líderes nos escuchen, y hasta, en ocasiones, nos hagan caso; la humanidad consiguió por fin, luego de esta hipérbole de decenas de miles de años, volver al punto de partida, y pararse ante la nueva Ekklesia virtual para poder, luego de centurias, hacer oír su voz, y que quienes nos dirigen sepan cuál es nuestra voluntad.
Ello rompe el teorema de que sería imposible un gobierno como el ateniense, con representación directa de los ciudadanos, pues somos tantos que no cabríamos en ningún lado, siendo por ello necesario el sistema actual de representantes electos, quienes hablan por nosotros y deciden por nosotros cual es el mejor camino para llevarnos a la felicidad.
Hoy, Larry Page y Sergey Brin (creadores de Google), Mark Zuckerberg (Facebook), Steve Jobs (Apple) entre otros héroes modernos, se han encargado de que ya no sea así; poniendo a nuestros representantes en un lugar incomodo, pues ya podemos decirles si lo que están haciendo nos representa o no estamos de acuerdo.
Todo lo descrito ha llevado a una plasticidad de la política, mostrándonos a un Piñera pidiendo disculpas en cadena nacional por un error en una decisión presidencial, o a un Macri haciéndolo también, sólo que tantas veces que ya más que brindarle la simpatía por su humildad como a su colega chileno, al argentino le trajo el descredito en su capacidad de timonear al país en medio de la “tormenta perfecta” en que se encuentra.
Esta plasticidad permite a los líderes actuales el cambiar de parecer y de rumbo si la gente se lo hacen saber a través de sus asesores y especialistas, más, esto no ha terminado aquí, pues esta nueva virtud adquirida por la política actual, está dando paso a un nuevo concepto que comienza a sonar cada vez más fuerte:
La democracia líquida:
La “Democracia Líquida” o “Democracia Delegativa Revocable” es una forma de democracia directa que incluye la posibilidad de delegación del voto, pero pudiendo ser éste revocado de forma instantánea; de allí su liquidez. También se la llama “Democracia Directa Digital”, “Democracia Directa Electrónica”, “Democracia Participativa Digital” o “Democracia Real Electrónica” (aunque en este último caso no existe la posibilidad de delegar el voto).
Gracias a este nuevo concepto, podríamos ya estar en condiciones de otorgar nuestro voto a quien consideramos que se lo merece; mas esto no es incondicional, ya que este apoyo puede ser retirado ipso facto si el desacuerdo con aquel a quien hemos otorgado esa representación es radical y hasta puede ser transferido a otro líder. Así, no sería necesario esperar 4 años para cambiar de representantes, ya que este voto delegado puede recuperarse en cualquier momento.
La tecnología actual ya está en condiciones de permitir que cualquier ciudadano tenga la posibilidad de votar por Internet cada decisión del Parlamento y hasta realizar propuestas de forma directa. También podría ser un representante virtual, mediante la publicación de su intención de voto en nombre del partido político o corriente de opinión a la que representa, también para votar una decisión puntual en la que se quiere participar directamente, o tomar parte activa en un parlamento virtual, votando en cada decisión.
Entonces dígame: no sería esta LA NUEVA ATENAS?
No estaríamos en este exacto momento en capacidad de volver a ser atenienses parados ante un Ágora virtual y hacernos oír de forma directa y no a través de los representantes votados y que estarán ejerciendo ese privilegio que le hemos legado por cuatro o seis años dependiendo del País en que estemos?...
Pues sí, y si no se ha puesto ya en marcha aún en los países de pensamientos más avanzados es porque… bueno, creo que eso ya es otro tema y mejor lo dejamos para una futura entrega de estos, mis trabajos, los que espero sean de su agrado y, sobre todo de su provecho.
Fuente: https://www.facebook.com/notes/orlando-bazan-política-y-economía/la-nueva-atenas/103585884365421/

Orlando H. Bazan G.
Periodista, Analista de geopolítica y geoeconomía.
Actualmente trabajando para MBTv Ecuador.
Asesor de política y economía latinoamericana para Euronews, jefe de servicios informativos de Radio Rivadavia Córdoba y CVC La Voz Miami.


orlandoh.bazan@gmail.com