Segundo caso del detective Fordney. ¿Se animan a resolverlo?
La muerte del criador de caballos
Durante más de dos minutos el profesor Fordney se quedó de pie, contemplando el cuerpo de Donald Clagett, el internacionalmente conocido criador de caballos, que yacía sobre el suelo de una de las caballerizas del establo. Junto a su mano se veía un cigarrillo a medio fumar.
El rostro estaba horriblemente desfigurado por la marca de una herradura; la parte redonda había dejado una profunda marca en el cráneo y los extremos le habían arrancado parte de la mandíbula.
Guardándose el cigarrillo en el bolsillo, el profesor Fordney se dirigió a la caballeriza que alojaba a Doctos C., el orgullo de los establos de Clagett.
―El animal tiene mal genio, señor, pero nunca creí que fuera a patear al amo ―dijo el entrenador Jeffries.
―¿Sabe usted exactamente la altura de Mr. Clagett?
―Sí, señor… Un metro setenta y dos.
―Cuando encontró a Mr. Clagett, ¿tocó usted algo?
―Solo traje aquí el caballo. Mr. Clagett estaba detrás de él, no demasiado lejos, y temí que volviera a patearlo.
Fordney se preguntaba cómo era posible que un hombre tan experimentado con los caballos permitiera que un caballo lo matara a patadas. Se quedó de pie contemplando al caballo, como si allí encontrara la respuesta a su pregunta.
―No supe que mi esposo había desaparecido hasta esta mañana, cuando el mozo de la cuadra vino a avisar que lo había encontrado ―respondió la señora de Clagett a la pregunta de Fordney―. Habíamos tenido una discusión sin importancia durante la cena y a las 7.30 salió de casa. Cuando a las 8 todavía no había regresado, me fui al concierto con unos amigos.
―¿Su esposo iba a ir con usted?
―Sí.
―Entonces, ¿por qué no estaba vestido de etiqueta a las 7.30 cuando usted lo vio por última vez?
―Bueno… yo…
―¿Hace falta que le diga ―la interrumpió Fordney― que su esposo fue asesinado?
¿Cómo lo supo el profesor?

